En una de las zonas más secas del mundo, unas espirales se abren en el suelo. No son decoración: forman parte de un sistema que todavía hoy lleva agua.
Se llaman puquios. Son una red de acueductos subterráneos, canales, pequeños reservorios y pozos en espiral, conocidos como ojos. Su misión era resolver el mayor problema del desierto: conseguir agua todo el año para cultivar y vivir.
¿Para qué sirven las espirales?
Durante mucho tiempo se pensaba que los ojos eran solo accesos para limpiar y mantener los canales. Esa función tiene sentido, porque alguien debía poder bajar hasta el agua.
La investigadora Rosa Lasaponara y su equipo propusieron una idea más: que la forma en espiral canaliza el viento hacia los conductos y ayuda a empujar el agua por el sistema. Es una explicación fascinante, pero sigue siendo una interpretación de investigación y no algo que debamos dar por cerrado.
Una obra que exigía organización
Construir un puquio no era solo cavar. Hacía falta conocer el terreno, entender cómo cambia el agua durante el año y mantener el sistema entre muchas personas. Por eso, más allá de la ingeniería, los puquios también nos hablan de cómo trabajaba una comunidad.
Su antigüedad exacta ha sido difícil de fijar, porque no se pueden datar directamente con carbono 14. Por eso, la investigación los relacionó con asentamientos cercanos para proponer una fecha.
Dónde verlos
Los más conocidos están en Cantalloc, a pocos kilómetros de la ciudad de Nazca. Allí puedes ver canales y ojos de cerca. Como los horarios y precios pueden cambiar, confírmalos antes de ir.
